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05/09/2017

¿Y ahora, cómo seguirán los precios?

Luego del informe del USDA el último 10 de agosto el mercado no logró recuperarse y los precios bajaron sensiblemente. En efecto, el futuro de soja noviembre en Chicago tuvo una baja de 8 dólares, mientras que el futuro de maíz diciembre bajó 11,6 dólares. Por su parte, el futuro de trigo registró 7 dólares de baja y los tres productos se mostraron reacios a reaccionar. Lo que queda de aquí en más no resulta muy alentador, salvo que alguna cuestión que por razones obvias no se pueda anticipar, como el clima, los precios tengan algún empuje.

La expectativa que se había generado en aquel entonces se desvaneció por completo. Lo que sucede es que durante la fase crítica de maíz, que en EEUU se desarrolla en julio, las altas temperaturas afectaron fuertemente al cultivo y los analistas estaban descontando que el rinde iba a promediar 104,7 quintales por hectárea. Con una baja sustantiva del área sembrada (pasó de 38 millones de hectáreas a 36,7 millones) el mercado descontaba que la producción caería más de 30 millones de toneladas. En consecuencia, se estaban esperando mayores niveles de precios. Pero el departamento de agricultura de EEUU ubicó el rinde en 106,4 quintales y tanto la producción como los stocks esperados son ahora mucho más altos que lo pensado.

Para el caso de la soja, el proceso fue similar. De hecho, los analistas estaban esperando un recorte de rinde que pasara de 32,3 qq/ha a 31,9 qq/ha con la expectativa de que la fase crítica en pleno desarrollo diera otro empujoncito a precios y el organismo internacional elevó los rendimientos esperados hasta 33,2 quintales por hectárea. De este modo, la producción de soja quedó estimada en un nuevo récord de 119,2 millones de toneladas para final de campaña.

En ambos casos, los fondos especulativos se apresuraron a cerrar posiciones y apuntalaron el derrumbe de precios que pudimos observar. Tanto para los futuros de soja como de maíz, los fondos especulativos aumentaron su posición vendida pasando de -3,4% a 8,2% y de 0% a -6,4%, respectivamente (expresado como porcentaje del interés abierto).

Por el lado de la demanda, no encontramos atenuantes significativos que nos permitan aspirar a mejoras de precios, a pesar de que China aumenta sus compras campaña tras campaña. Es decir, si bien la demanda de soja y maíz se mantiene firme, los compradores se encuentran con mejores volúmenes de producción y stocks, lo cuál los beneficia a la hora de elegir destinos y momentos de compras. Miremos, por ejemplo, lo que ocurrió con los precios del maíz.

Con el ingreso del maíz tardío en Sudamérica (especialmente de Brasil) los valores comenzaron a caer sucesivamente desde mediados de julio hasta la actualidad, y en las próximas semanas, ya podremos empezar a ver maíz nuevo desde EEUU con lo que –salvo algún inconveniente durante nuestra siembra- a los precios les costará repuntar. Para soja, el patrón es similar. Las compras comenzarán a migrar hacia el país del norte obligando a los exportadores locales a competir con precios más bajos y por ende, pagar menos.

Por lo tanto, quedaremos a merced de algunas noticias aisladas como por ejemplo, que China nos vuelve a comprar aceite de soja o que la expectativa de siembra de maíz temprano en Brasil puede llegar a caer a la mitad el año que viene, para activar algo los precios locales. Por supuesto, no todo son precios en dólares. Pensar en pesos nos obliga a considerar el tipo de cambio y con ello la evolución esperada de la divisa norteamericana. En ese caso, el mercado de futuros nos muestra una devaluación implícita del orden del 21% que podrá, en parte, mitigar la caída de los valores en dólares. 

De este modo, el mercado se quedó sin argumentos para aspirar a niveles mayores  de precios. El anhelo de ver valores de U$S 280 en soja o U$S 180 en maíz parece haberse desvanecido por el momento. Habría que comenzar a evaluar la posibilidad de que, en caso de repetir una muy buena cosecha tanto en Brasil como en Argenina, los precios podrían ponerse pesados para el año que viene.  

Por Ignacio Fernandez